miércoles, 20 de julio de 2011

Cuando olvidamos soñar.-

Hubo un tiempo en que los primeros hombres y mujeres que habitaron este planeta, solo frente a la luz del sol podían hacer frente al constante miedo de un mundo absolutamente desconocido. Cuando las tinieblas cubrían aquel nuevo mundo, la incertidumbre de vivir era la preocupación que embargaba a todos. Solo los primeros rayos del amanecer, otorgaban la serenidad dentro del hostil mundo.  El creador al ver aquel miedo frente a la oscuridad y que el descanso era imposible, otorgo la capacidad de soñar. Ahora se podría vivir de día mientras la noche cubría el mundo, dando motivo de vida a todos los hombres, que día a día comenzaban a forjar sus hogares. Los hombres eran felices, vivían con intensidad cada momento comprendiendo los ciclos naturales de la vida, logrando soñar y lidiar con nuestros mayores deseos y temores.
El hombre con sus sueños comenzó a construir grandes monumentos y ciudades, viajando por tierra y mar. Se escribieron grandes comedias, tragedias y aventuras que nos terminaron llevando a la luna.
Dentro de todo, ellos eran felices… pero un día olvidaron soñar.

La magia del mundo a la cual estábamos acostumbrados se esfumo. El silencio y la incertidumbre de la noche se apoderaron del día, cansándonos de vivir. Nos olvidamos del regalo.

¿Que tanto nos costaría volver a soñar? ¿Que tanto nos costaría regalar un sueño?
Alguna vez vendí sueños, hoy prefiero regalarlos.-

1 comentario:

Ivette. dijo...

Un muy feliz cumpleaños, y todos esos buenos deseos que repite la gente. Y todas esas disculpas que te debo.
Y no vendas los sueños, es mejor regalarlos, un obsequio inesperado es lo que endulza la vida.